sábado, 17 de diciembre de 2011

La encarnación, un evento ordinario






Hemos recomenzado de nuevo. El ciclo litúrgico finalizó y enseguida ha reiniciado de nuevo proponiéndonos la contemplación de los misterios celestiales de la Encarnación y del nacimiento del Hijo de Dios. Un ritmo conocido pero nunca igual, porque es siempre nueva la gracia con la que se vive los varios pasajes de la vida de Cristo.
Pero esta intensidad espiritual no está reservada solo a los "tiempos importantes"del año litúrgico. También los tiempos ordinarios- a veces aparentemente similares- reciben el espesor de la Vida que hemos acogido nuevamente en Navidad y que ahora se encamina derecha y veloz hacia esa misión pascual de salvación.
¿ Cómo vivimos nosotros esos pasajes?¿ Somos en realidad espectadores externos de esos eventos o participamos en ellos hasta llegar a ser protagonistas? Y viendo que la Eucaristía es máxima expresión de la manifestación de Dios hoy sobre la tierra, tal vez debamos preguntarnos algo más concretamente: ¿ Somos los que sencillamente van a Misa o los que "viven y celebran" la Misa?
La Encarnación no es un hecho antiguo, no es un recuerdo o un memorial a celebrar una vez al año..El verdadero sentido de la encarnación de Dios, es su ingreso en nuestra carne mortal, cada día. Habitados por Él, por su Espíritu, deberíamos saber ofrecer a Jesús nuestros miembros para que sean sus miembros.. Ojos con los que mirar con infinita ternura. Boca con la que decir el bien , o mejor, bendecir. Manos con las que consolar, cuidar, servir...Pies con los que recorrer el camino hacia la meta correcta, sin errar la dirección, para llegar al Padre.
Dios no puede encarnarse hoy si no le hacemos un lugar en nosotros. Necesita templos vivos donde colocar su corazón palpitante para poder amar al mundo, para poder visitar esas situaciones de tiniebla que necesitan de su luz para devolver esperanza. A Él no le sirven los muros, las piedras o les bellos discursos. Jesús quiere nuestra vida para habitar en ella y donde poder acoger a todas las almas que lo buscan.
No debemos hacer nada extraordinario. Tan solo dejar que "nos mueva" como Él desea, en total libertad. Y ser obedientes a cualquier impulso que reconozcamos que viene de Él. Estaremos así dispuestos en nuestro apostolado....
Habremos así celebrado en verdad la Navidad, si todo ésto se llega a cumplir. Habremos iniciado realmente el tiempo litúrgico" ordinario" si somos capaces de hacer nuestro día "extraordinario".
Es su presencia lo que lo transfigura. La presencia de Cristo cambia el signo de nuestras jornadas, que si le son ofrecidas, se convierten en una Misa continua, un perenne agradecimiento al Padre por los dones que constantemente nos ofrece, comenzando por el más valioso que es la vida.
Esforcémonos por Cristo, con Cristo y en Cristo en vivir con intensidad cada instante que se nos regala,sabiendo llenarlo de sentido, sin desperdiciar nada.
Miremos con compasión y con amor todo lo que aún es limitado e inmaduro en nosotros y en nuestro entorno, pero sin detenernos demasiado, sin dejarnos entretener, porque no hay ya tiempo para las cosas que nos atañen en lo personal y con los demás... el tiempo ya está cerca y lo importante es Jesús, a quien debemos devolver todo lo creado. Comencemos con devolverle nuestro pequeño mundo. Comencemos por nosotros mismos. El resto llegará por consecuencia. Así seremos Eucaristía viva.


Stefanía Consoli

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