viernes, 18 de septiembre de 2009

A la mujer le toca cambiar primero.



Esta afirmación puede tener algo de insoportable e indignante para las mujeres, pero tengamos el coraje de leer y comprender el porqué.
Esta actitud no tiene nada que ver con la resignación o la pasividad que se complace en un modus vivendi perezoso o complaciente.
Por el contrario, esta actitud requiere una gran fuerza del alma, de la misma manera que la no violencia no tiene nada que ver con la cobardía del que se esconde por miedo al peligro o por no afrontar el combate: el pacífico está dispuesto a dar la vida para que triunfe la paz.
Dar la vida es aceptar morir.
Pero¿ no hace falta más coraje para renunciar a uno mismo y dar la vida en los detalles, en lo cotidiano, que darla en un solo acto heroico?
Una de mis amigas me escribía hace poco:

Rápidamemte, me di cuenta al comienzo de mi matrimonio, de que la profunda unión a la que aspiraba no era fácil. A pesar de todo el amor que tenía por mi marido, nuestra comunión era muy frágil y nos peleabamos por detalles estúpidos e infantiles.
Cada vez que ésto sucedía, sentía que algo en mí se enfriaba, y cada vez que me dejaba llevar por mis sentimientos, me debilitaba, y me era cada vez más difícil volver; veía a mi marido alejarse y convertirse en un extraño.
Poco a poco, me fui convenciendo de que si quería que mi marido cambiara, era yo la que tenía que cambiar primero.
Sabía que era justo, pero no comprendía por qué.
Decía en mi oración:" Señor,sé que es imposible cambiar a los otros, y lo único que puedo hacer es dejarme cambiar por Tí, ofrecerme a tu transformación, dejarte vivir en mí, para que a través de mí, hagas tu voluntad".
Puedo decir ahora cuántas veces pude verificar en mi vida que esta actitud producía frutos invariablemente, ayudándome a superarme, a relativizar muchas cosas por las que no valía la pena perder la paz, y haciendo crecer el amor en mí.


Es el poder de transformación del amor, que no solo nos cambia, sino que transforma a aquellos que están alrededor de nosotros.
Es el sentido del precepto:"Amad a vuestros enemigos"(Mt5,44)
Solo nuestro amor puede tocarles el corazón.
¡Qué maravilla esa capacidad de amar que habita el corazón de la mujer!Esto es lo que ella debe descubrir hoy, esta fuerza del amor que es más poderosa que todos los argumentos del mundo, que desarma los enemigos más terribles.
El amor es siempre vencedor.
Nunca perdemos cuando amamos.
Si sembramos amor, recogeremos amor.
El amor da fruto y, aunque no sea inmediatamente, termina siempre por triunfar.
No transformaremos el mundo, si no nos dejamos transformar por Dios. Pero no hay transformación sin muerte. El gusano, para convertirse en mariposa, muere; la mujer debe morir a su deseo de dominar todo, para que la fuerza de Dios actúe en ella y a través de ella.
Jo Croissant