domingo, 31 de agosto de 2008

No traicionar a la muchacha


Una vieja hebrea, recuerda este episodio de su infancia. Tendría 9 o 10 años.

Formaba parte de una caravana de nómadas en el Sahara.

Había sido confiada a una anciana, que se ocupaba de su educación.

La vida transcurría en una amplia tienda, donde todos se reunían a comer, dormir y charlar.

En una noche de primavera, la muchachita siente una necesidad irresistible de salir fuera de la tienda. Al aire libre, queda fascinada ante el espectáculo de aquella noche única.

Nunca había visto tantas estrellas!

Los aromas traídos por la brisa del desierto, la transtornan.

Tiene la impresión de que ese silencio forma parte de un plan. Que todo está pronto para la llegada de alguien.

De pronto, se oye la voz áspera de la anciana-¿ Dónde te escondiste? Ve inmediatamente adentro con todos!

De mala gana, la niña vuelve a la tienda y dice: -Ven a ver la noche, es un espectáculo. ¿ No crees que le Mesías puede venir hoy?

Por toda respuesta, la vieja ordena: -Deja ya en paz al Mesías y aprende a hacer tus cuentas!


En cada una de nosotras conviven estos dos personajes.

Nuestra alma, nuestra tienda, alberga juntamente a la vieja y a la muchacha.

Las dos desean hacer oir su voz.

La voz de la muchacha, nos invita a salir afuera, al aire libre, a bandonar el recinto de la costumbre, de la mediocridad, de la insignificancia, de la rutina.

Sal fuera, no te dejes aprisionar por la mezquindad. No te dejes adormecer por las conveniencias.

Contempla el horizonte. Déjate conquistar por un territorio inexplorado...

Pero está también la voz de la vieja, que nos hace ver la "realidad", que nos hace entrar en la prudente normalidad, que nos deja clavados en nuestras limitaciones.

Aprende a hacer tus cuentas. No te llenes de preocupaciones, ocúpate. Confórmate. Adáptate, como hacen todos. Quédate en lo seguro. No te alejes de donde acampa la caravana.



Nuestra verdadera edad está dada, por el prevalecer en nosotros la voz de la muchacha o la voz de la vieja.

Se combate una lucha incesante en nuestra tienda: entre la muchacha que nos invita a descubrir, a crecer, a abrir el corazón... y la vieja gruñona que nos invita a la ...contabilidad.


Puede parecer paradójico; PERO ES UNA REALIDAD EVANGÉLICA: En la vida somos felices, crecemos, nos hacemos adultos, solamente en la medida en que no traicionamos a la muchacha que está dentro nuestro.

Solamente la muchacha sabe todo acerca de nosotros mismos.

Precisamente porque no sabe de mezquindades y cálculos...

El niño sí es maduro. Maduro en sueños, maduro en esperanzas, maduro en sorpresas...

Dejémonos pues guiar por la niña que hay en nosotras.

Ella no se equivoca.

Nos conduce con seguridad por el camino del Reino...

Donde la espontaneidad y la sorpresa son norma.

Qué figura descubrís en la ilustración?